El Patio de Luces del Palacio Provincial y la Sala Alfareros de la Diputación de Almería acogen desde mañana lunes la exposición ‘Alcaraz, el mundo de un pintor, 1946-2014’ que organiza la el institución hasta el próximo 10 de marzo como homenaje a un artista como Francisco Alcaraz que acaba de cumplir 88 años.  Se trata de una exposición que recoge 60 obras (pintura), la mayoría de ellas de formato mediano (60×80 cm), aunque hay varios cuadros de gran formato, pertenecientes en gran medida a la colección del autor y nunca expuestas en Almería.

“La muestra del pintor indaliano recoge 60 obras que se podrán ver en el Patio de Luces del Palacio Provincial y la Sala Alfareros de hasta el próximo 10 de marzo”

En este sentido, la diputada de Cultura, María Vázquez, ha señalado la importancia de mostrar al público almeriense “parte de la obra de uno de los artistas más importantes de la provincia”.  Vázquez ha señalado que se trata del primer homenaje que institucionalmente se le hace en su ciudad, a través de esta gran exposición antológica “que hemos tenido que distribuir en dos espacios debido a su gran volumen”.

Además se va a publicar un catálogo razonado editado por el Instituto de Estudios Almerienses, con la participación de la Universidad de Almería, donde se recogen numerosos documentos : fotografías, catálogos y carteles de exposiciones, cartas manuscritas, artículos de prensa, etc.

La exposición está organizada por la Diputación de Almería. Área de Cultura, Deportes y Juventud y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Roquetas de Mar, Ayuntamiento de Adra; Universidad de Almería, Asociación Verdiblanca, Grupo Control, Grupo Oliveros, Surneón, Viajes Vertical y Bodegas Calar.

Según ha señalado María Vázquez, este reconocimiento contribuye a valorar en su justa medida la obra de Alcaraz  y al mismo tiempo la de todo el Grupo Indaliano, al que pertenece desde su fundación en 1947.  Alcaraz ha sido además de pintor, restaurador y tallista, un mestre a la manera clásica.  Como en su día hicieron Federico Castellón o Ginés Parra, Alcaraz busca nuevos horizontes fuera de Almería. Primero vive en Madrid, desde 1947 a 1950, gracias, entre otras ayudas, a una beca concedida por la Diputación Provincial. Posteriormente viaja a París, donde reside hasta 1963, fecha en la que regresa a España.

Destacan entre sus numerosas exposiciones las realizadas en 1948 en el Museo Nacional de Arte Moderno en Madrid, y su participación en el VI Salón de los Once, así como su presencia en la 2ª Bienal Hispanoamericana de la Habana, en 1953, y en la 3ª Bienal Hispanoamericana de Barcelona, en 1955. Alcaraz forma parte de se grupo de artistas que integran la Escuela de París, junto a Grau Sala, Joaquín Peinado, Pedro Flores etc. , y conoce y se relaciona con otros artistas, escritores e intelectuales ( Picasso, Camus, Alberti, Malraux,)  en unos años en que París como decía Hemingway era una Fiesta. La bohemia y el arte, el estudio de la pintura de los impresionistas y las conferencias en la Aliance Francaice, Alcaraz vive con intensidad esos años parisinos donde realiza una obra plástica extraordinaria, aunque tiene que compaginar su trabajo de pintor con el de restaurador y tallista.

Como tallista de marcos, Alcaraz  pone de moda entre los pintores más importantes del momento: Rouault, Juan Gris y Picasso, el marco de estilo barroco español.  Su presencia en las exposiciones Homenaje a Antonio Machado y Aniversario de la publicación del Quijote, constituyen dos referencias importantes en su trayectoria, la de un artista que aún estando lejos de su tierra siempre se ha sentido profundamente almeriense.

De su obra destaca sobre todo por un sugerente lirismo, siendo los temas elegidos aquellos que forman parte de la vida más cercana y querida del pintor: calles y plazas parisinas, todo ese mundo de feriantes y casetas, temas vinculados a la bohemia, las chancas y los pescadores de su Almería natal, sus gatos y sus flores, sus paisajes de la Sierra de Riaza y Saldaña, los retratos de amigos pintores y poetas.

Una obra pictórica que, ya en 1950, Antonio Saura calificó de humanismo expresivo, donde la pintura trasciende el espacio del lienzo para ofrecer al espectador el Mundo de un pintor. A su vuelta a España, expone en Madrid en galerías como Quixote  Richelieu y en varias ocasiones el Círculo de Bellas Artes.  Y viaja en varias ocasiones por el sur de los Estados Unidos, Méjico y Brasil.